EL ABC DE LA LEGALIDAD MUSICAL

La semana pasada en una reunión de asesoría a un artista me preguntaron cómo se debe proteger legalmente la música. Hace 30 años esta pregunta sería muy fácil de responder. Ahora, el negocio de la música y en general la sociedad se encuentra en un proceso permanentemente de cuestionamiento en torno a dónde quedan los límites de la legalidad.

Mucho tiene que ver esto con la era Internet, donde esa gran Caja de Pandora de información nos ha puesto al alcance de nuestros ordenadores herramientas que de algún modo nos permiten saber más acerca de nuestros derechos y deberes. Algunas de las consecuencias lógicas es que tenemos artistas y cultores con mucha mas experiencia legal (como era de esperarse) y conciencia del gran valor, al menos potencial, que tienen sus obras.

La contraparte de esto es un grupo de actores dentro de la industria (disqueras, editoriales, plataformas digitales, entre otras) que a diferencia de la pesadez e ingenuidad con que atravesaron la era Napster de la piratería, hoy por hoy aprendieron con mucho avidez los recovecos de la era digital y como sacarle provecho al máximo.

Lo cierto es que al menos el juego es un poco más claro para todas las partes y grandes monopolios del espectáculo son cada vez menos poderosos: Todos los días nacen nuevas plataformas, redes de trabajo y experiencias de colaboración que ofrecen a los artistas un sin fin de posibilidades ajustadas cada vez más a sus necesidades, ímpetus y capacidad de inversión.

Como primer punto en toda estrategia de marketing musical, es preciso destacar que no existe una fórmula mágica que permita transitar hacia el máximo provecho de la obra. Muy por el contrario, en casi todos los casos es necesario dejar sentado los cimientos legales que permitan un crecimiento “sano” del proyecto, sea cual sea. Tres de estas consideraciones son las siguientes:

 A) La Propiedad Intelectual: Proteger nuestras creaciones

Es el comienzo de todo. Si lo produce nuestra mente, tiene valor: Invenciones, obras literarias, artísticas, símbolos, nombres, imágenes, etc. No hay excusa para no tener registradas nuestras creaciones. Dependiendo de cada país, los procesos legales suelen ser lentos y engorrosos, pero no imposibles de realizar.

La buena noticia es que esto nos permitirá llegar con mucho poder negociación a cualquier proyecto, dejando sentado que sabemos lo que vale nuestro trabajo creativo. Para el caso musical, considero de prioridad registrar las obras musicales (letra y música de las canciones) y no menos importante la marca del proyecto (registro fonético y gráfico de logo) ya sea un artita solista, una banda o agrupación musical, djs, etc.

B) El Derecho de Autor: Reconocer el valor

Las posibilidades de la explotación de las obras musicales son muchísimas. A través de sociedades de gestión de derecho de autor tendremos la posibilidad de apoyarnos en entes administrativos que fiscalicen donde, cuando y por quién esta siendo utilizada nuestra obra. La música forma parte esencial de nuestra vida y cada vez los nuevos formatos, de la mano con los avances tecnológicos, permiten una mayor difusión de nuestro material. La estrategia de legalidad debe estar entre las primeras acciones a desarrollar por los artistas.

 C) Contratos Musicales: Cuentas claras desde el comienzo

En el pasado, la relación de las disqueras con sus artistas, estaba basada en la máximo explotación posible que “giraba” en torno a la venta de discos. Pero al perder el paraíso de las ventas físicas producto del auge del compartimiento de música por Internet, el negocio musical hecho la mirada sobre otras fuentes de ingresos que antes no están consideradas: conciertos, merchandising, contratos de publicidad, etc.

Comienza la era de los Contratos 360, donde ahora para bien o para mal, managers y disqueras se “asocian” con el artista en el impulso constante del proyecto, para poder garantizarse una buena tajada de todo lo comercialmente posible.

La clave en este punto es tener clara la dirección que se le quiere dar al proyecto, así como la cantidad de tiempo y recursos a invertir. Es vital dejar bien estipulado desde el principio cada una de las actividades a realizar y proyectar la repartición de los beneficios que regresaran en el futuro.